El vídeo toma una escena de la película Lalaland (Damien Chazelle, 2016) y se apropia de la misma transformándola en una secuencia fílmica noire, inquietante y disruptiva, donde el cuadro de baile, antes pop luminoso, se torna perturbador y denso. La vulneración de las imágenes resemantiza la percepción sobre las mismas e introduce un elemento ominoso con ecos de violencia, donde los cuerpos se tensan, se amenazan y vulneran.