En Desmadres se articulan, a través de capítulos, una serie de acontecimientos personales que involucran a tres mujeres, sus relaciones entre sí y la concepción de la figura materna que cada una de ellas asume con el paso del tiempo. A través de la dialéctica visual que propone el montaje y las formas rizomáticas, en la poética de la obra, se entrevé de qué modo se construyeron los lazos afectivos, las formas de contención, o incluso, desamparo. La estructura de un relato mayor, que propone la autora, queda abierta en cada uno de los episodios y se potencia en la articulación de una serie de micro-acontecimientos que se ponen en escena y que dejan en suspenso toda conclusión.